Manlio, la pausa; el futuro

Posiblemente todo quepa en estos cuántos párrafos.

Los leyó hace unas horas apenas, suficiente y pausado, confiado en sus capacidades, sin lastre, sin ataduras, Manlio Fabio Beltrones quien en las actuales condiciones, por encima de las circunstancias electorales del pasado día 5 de junio, sigue siendo el político más completo de México.

Y todos, de Belmonte al Pana, han tenido una mala tarde, si el símil taurino es dable.

Dijo MFB:

“…mi vocación es la política y seguiré en ella. No obstante, toca hoy hacer una pausa necesaria, para continuar después en la búsqueda de los mismos objetivos que, desde hace años, junto a muchos de ustedes, hemos venido platicando para encarar las nuevas circunstancias que México vive.

“Veamos los grandes retos que la gobernanza democrática del país nos impone, por el pluripartidismo y la pluralidad con que los gobiernos se instalan, para bien, en la vida política de México. Todo ello, por la decisión del electorado, que yo considero sabia, de no entregar a ningún partido o coalición la mayoría absoluta para ejercer el poder sin el concurso de los otros.

“Vivimos en el México de la pluralidad y el poder compartido, creo que así seguirá siendo en el futuro inmediato. ahora hay que darle un nuevo orden.

“Por eso estoy seguro que debemos generar un nuevo sistema político, que permita alcanzar mayorías estables que otorguen a México gobernabilidad con estabilidad. Ese es el gran paso para revitalizar la democracia que nos traerá la verdadera transición política, más allá del muchas veces ‘infuncional’ cambio de un partido político por otro. Vamos, dejemos el ligero discurso de que son los partidos los que ganan y démosle, como lo es, el triunfo a los mexicanos.

“Los gobiernos de coalición deberán hacer posible otra transición, la que nos conduzca a una democracia de calidad y a gobiernos con resultados positivos para la sociedad y la nación”.

Esa es una forma elegante de decir adiós y colocarse no en la acera de enfrente sino adelante en el camino. Sin embargo, hay un pequeño olvido en este diagnóstico de pluralidad, diversidad, pluripartidismo: no toda la crisis proviene de la actividad política ortodoxa o “formal”.

Las heterodoxias, entre ellas la subversión, el sabotaje, el bloqueo, el anarquismo, no son componentes de la modernidad democrática sino caminos subterráneos cuya finalidad no es la construcción sino la insurrección.

Un ejemplo claro de eso lo vemos en Oaxaca.

La crisis actual de México se origina en haberle dado demasiada importancia a las minorías en demérito de la mayoría; en perdonar el delito en pos de una ilusoria tranquilidad, en negociar el cumplimento de la ley, en actuar por la conveniencia inmediata y en no haber generado una tradición de legalidad.

Si los privilegios de la CNTE (admisión de profesores, promoción destino, salario, plazas, prestaciones, etc.), por ejemplo son limitados o desaparecidos por la reforma educativa, los afectados saldrán a las calles e incendiarán en medio del pillaje para revertir una ley constitucional.

Si una ley del sistema anticorrupción obliga a los empresarios con negocios directos con el gobierno a declarar sus haberes, situación fiscal e intereses en conflicto, ellos también saldrán a la calle a protestar con mantas, pancartas y megáfonos. La actitud es la misma: no queremos cumplir con la ley.

Nosotros estamos por en cima de ella. Religión y fueros, faltó gritar.

Pero de vuelta a Beltrones. Por encima de los resultados ya sabidos, yo sigo creyendo en su talento. Jamás comprendí cómo aceptó la fórmula paritaria con la Secretaría General Carolina Monroy. Nunca ha sido ni de su equipo ni de su confianza. Hay un largo camino entre Metepec y Sonora. Pero la disciplina fue mayor.

En fin, eso es mirar bajo el puente y agua pasada no mueve molino, como le dijo Luis Buñuel a Salvador Dalí cuando lo buscó para hacer una nueva película, muchos años después del “Un perro Andaluz”.

Pero la ausencia tampoco mueve molinos. Permite distancia, serenidad y reflexión. Mas el político no sabe de sosiegos perdurables, mucho menos cuando se ha vivido junto a la cima del poder por tanto tiempo.

Sin las similitudes castrenses, Beltrones me recuerda —por contraste—, al general MacArthur descrito por Richard Nixon en su libro Líderes:

“…se sintió siempre impelido a ser distinto de cuantos le rodeaban y esto le condujo a algunas excentricidades, tan inocuas como llamativas…En el Ejército el uniforme se considera en parte un medio de reforzar la jerarquía de mando, Pero MacArthur quería destacar, no encajar. A un oficial que le preguntó por su manera poco habitual de vestir, le respondió: “Uno se hace famoso por las órdenes que desobedece”.

Hoy Beltrones ya no recibe órdenes. Sólo obedece a su instinto, su experiencia, su talento. No es poco.